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Entre los siglos XVI y XIX fueron frailes franciscanos de la Orden de San Diego quienes dieron vida al convento de Churubusco, a lo largo de estos siglos intentaron vivir bajo el modelo de la vida evangélica establecida por San Francisco de Asís por allá en el siglo XIII.

Pero la congregación fue a su vez un reflejo de la sociedad novohispana. Los aspirantes a la Orden debían cumplir ciertos requisitos para poder ingresar, lo más importante era probar ser ?cristiano viejo? y comprobar la pureza de su sangre. La vía para dar fe de ello implicaba no sólo la entrega de una documentación que incluía un certificado sancionado en el que se decretaba la inexistencia de ascendientes judíos, moros, y posteriormente, asiáticos, indios, negros, mestizos o castas en el linaje del individuo, sino también la aplicación de un cuestionario en el que se ?prometía decir verdad de todo lo que fuere preguntado?.

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