Dedicada a los cadetes de la Escuela Naval Militar, que en 1914 defendieron el puerto de Veracruz de la Invasión estadounidense.
El montaje del Altar de Dolores que realiza el Museo Nacional de las Intervenciones, en el Ex Convento de Churubusco, contará con los elementos tradicionales y la reproducción de la imagen de la Virgen Dolorosa, pintura anónima del siglo XVIII que forma parte del acervo del recinto. Se presentará a partir de este miércoles 25, dentro del programa Noche de Museos, a las 19:00 horas.
El museo se une al bicentenario luctuoso del Siervo de la Nación con una ofrenda tradicional de Michoacán, en la que se plasman las diferentes acciones del estratega militar y sus ideas políticas. El altar incluye una portada floral de cempasúchil que simula una fachada de las iglesias de Morelia, además del pan de muerto típico del estado, que aunque es sin azúcar, tiene elementos muy coloridos. En la parte baja del altar, sobre un tapete elaborado con aserrín, se formaron flores semejantes a las de cempasúchil y se colocaron objetos importantes de la persona: una montura de caballo, una reata, un saco que simula el que portaba Morelos, una espada como su principal arma, un paliacate y la reproducción de un óleo con su imagen.
El montaje del Altar de Dolores que realiza el Museo Nacional de las Intervenciones, en el Ex Convento de Churubusco, contará con los elementos tradicionales y la reproducción de la imagen de la Virgen Dolorosa, pintura anónima del siglo XVIII que forma parte del acervo del recinto. Se presentará a partir de este miércoles 25, dentro del programa Noche de Museos, a las 19:00 horas.
El museo se une al bicentenario luctuoso del Siervo de la Nación con una ofrenda tradicional de Michoacán, en la que se plasman las diferentes acciones del estratega militar y sus ideas políticas. El altar incluye una portada floral de cempasúchil que simula una fachada de las iglesias de Morelia, además del pan de muerto típico del estado, que aunque es sin azúcar, tiene elementos muy coloridos. En la parte baja del altar, sobre un tapete elaborado con aserrín, se formaron flores semejantes a las de cempasúchil y se colocaron objetos importantes de la persona: una montura de caballo, una reata, un saco que simula el que portaba Morelos, una espada como su principal arma, un paliacate y la reproducción de un óleo con su imagen.
Nellie y Cartucho. Los recuerdos infantiles de Nellie Campobello, entreverados en los años de la etapa guerrillera del ciclismo, que se cruzan con la invasión norteamericana de 1916 se llenan de pasajes oscuros, soldados olvidadas, repudiados como bandidos, debido a la inquebrantable lealtad profesada hacia el general Villa. Personajes que en sus apodos de combatientes encontraron la transcendencia vital que no les dieron sus nombre propios, que los habían condenado a vivir bajo la sombra de los cacicazgos porfirianos, a semejanza de Pancho Villa, que dejó atrás al tal Doroteo Arango. En los relatos de Campobello, que transcurren en esos instantes al filo de la vida y la muerte, los danzantes de Nellie encuentran en el trágico final un destino. Pero no un descanso, los villistas siguen pasando fugazmente como el rayo, vienen y van, se detienen en el viejo convento de Churubusco, a terminar la lectura inconclusa, echar una mano de baraja o darle otra fumada a su cigarro.
×