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Tras la derrota en El Ébano, el general Tomás Urbina se retiró con sus hombres a la hacienda de Las Nieves, Durango. Francisco Villa le telegrafió insistentemente para que se reportara con su tropa al cuartel general para seguir en la brega. Urbina respondió con evasivas, rodeos y hasta insolencias para no presentarse al llamado. En septiembre de 1915, Villa se trasladó hasta Las Nieves y sorprendió a la guardia de Urbina que trató de responder abriendo fuego. Una vez que fueron sometidos, Villa encontró a su viejo amigo y compañero con una herida de bala en el brazo; hablaron, lloraron y  finalmente Villa le ofreció un automóvil que lo trasladara al hospital. Una vez que el coche partió, Rodolfo Fierro se acercó al jefe y le convenció que aunque se tratara de un antiguo compadre, no se podía perdonar la traición. El general Villa concedió el permiso a Fierro para aplicar el castigo y este pronto alcanzó la marcha del vehículo. Ahí mismo, Tomás Urbina fue ejecutado y enterrado. Tres piedras junto al camino, cerca de Las Nieves, señalaron el lugar de su tumba durante mucho tiempo.


Pavel Leonardo Navarro Valdéz
Investigador del MNI-INAH



Fotografía: Otis Aultman, Pancho Villa and officers [de izquierda a derecha: Rodolfo Fierro, Pancho Villa, Tomás Urbina y Juan García, El Paso Public Library.