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Inicia septiembre, el llamado “mes de la patria”. En esta ocasión, rememoramos una de las ceremonias más singulares dentro de la historia nacional, la cual denota un exacerbado culto a la personalidad y una extrema adulación al presidente en turno. Corría el año de 1842 y el general Antonio López de Santa Anna ocupaba la presidencia, luego de deponer a Anastasio Bustamante. Las calles de la ciudad de México fueron testigo de una extraña procesión: la de la pierna que Santa Anna había perdido un par de años antes al enfrentar a los franceses en Veracruz (1838). Los restos de la pierna fueron exhumados de la hacienda de Manga del Clavo y trasladados a la capital del país para ser enterrados nuevamente con todos los honores, el 27 de septiembre, en un aniversario de la consumación de la Independencia, bajo un monumento construido para la ocasión en el panteón de Santa Paula, al norte de la ciudad. Detrás de la urna, en la que se encontraba la extremidad amputada, marcharon militares, autoridades civiles y eclesiásticas, además de una multitud atraída por la curiosidad a tan atípico evento.


Pavel Leonardo Navarro Valdez
Investigador del MNI-INAH



Imagen: Panteón de Santa Paula, Fototeca INAH