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Durante la ocupación de la ciudad de México por las tropas Villistas a finales de 1914, el general Pancho Villa ordenó que todos los caballos fueran presentados en su cuartel general para elegir a los mejores. Entre ellos le gustó una yegua de media sangre árabe que cruzó con un caballo de pura raza árabe, propiedad de la Escuela de Agricultura. De este cruce nació una yegua a la que Villa llamó Muñeca por su magnífica estampa y que él en persona se encargó de domar. Años después (la fecha exacta se desconoce), durante el último periodo de su vida militar como guerrillero (1917- 1920), el general Villa permanecía escondido en una cueva cerca del Valle de Allende, Chihuahua, cuando un guardia llegó para avisarle que una columna del gobierno se acercaba con intenciones de rodear la cueva. Villa montó a la Muñeca mientras sus hombres abrían fuego y con ella salió a galope tendido, perseguido por varios jinetes. Corriendo entre los arbustos y encinos de la sierra llegó al camino que iba de Allende a la antigua fábrica de hilados de Talamantes y, aprovechando la legendaria resistencia de la raza árabe, siguió galopando por media hora dejando cada vez más atrás a sus perseguidores. Siempre a toda carrera, tomó por una vereda que lo condujo a una ranchería, donde se topó con tres soldados que estaban durmiendo a la sobra de un árbol; uno de ellos, pistola en mano, le marcó el alto y se le puso enfrente para asustar a la yegua: Villa picó espuelas y el soldado hizo fuego a quemarropa, pero la yegua lo arrolló y siguió corriendo por cinco o seis kilómetros más hasta llegar a la fábrica de Talamantes, donde un anciano encargado de cuidar el edificio recibió al general y le ayudó a curar a su yegua, que había recibido el balazo en el pecho.

Esa noche, mientras descansaba y cenaba en compañía del anciano, el general le dijo que si la yegua se salvaba, en adelante la llamaría Siete Leguas, pues esa había sido la distancia que la  el bestia había corrido para salvar a su dueño.

En junio de 1920, al rendirse al gobierno de Adolfo de la Huerta, el general Villa envió a la capital a la Siete Leguas como regalo para el presidente, quien poco después, al observar que la yegua estaba siendo descuidada en las caballerizas de Palacio Nacional, la obsequió a su vez al general Lázaro Cárdenas.


Faustino Amado Aquino Sánchez
Investigador del MNI-INAH



Imagen: General Francisco Villa