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La guerra entre México y los Estados Unidos (1846-1848) significó para el pueblo norteamericano una fuente de continua excitación por ser la primera vez en que sus tropas marcharon hacia un país extranjero, y también debido a que significó una prueba de fuego para su naciente sistema republicano, pues las monarquías europeas apostaron a que la tradición y experiencia militar de México iban a humillar a la arrogancia estadounidense, que no contaba más que con un ejército bisoño de menos de 9,000 hombres. Sin embargo, el entusiasmo de los estadounidenses fue tal que en poco tiempo lograron reunir miles de voluntarios ansiosos de marchar a una tierra extraña y exótica para correr aventuras que hasta entonces no habían podido sino soñar. La guerra entró a la cultura popular norteamericana de muchas formas; basados en las entusiastas cartas de los soldados y en las noticias de los periódicos, donde se describía el paisaje, las ciudades y la gente de México y las batallas, los artistas compusieron música, novelas, litografías, obras de teatro, etc., hasta hacer de la guerra una epopeya fantástica.

Nadie hizo tanto para encender este espíritu guerrero como el destacado historiador estadounidense William Hickling Prescott, quien apenas dos años antes del estallido del conflicto había publicado su Historia de la conquista de México. Se trató de una distinción irónica, pues Prescott fue un decidido opositor de la guerra, a la que cali có de locura. Sin embargo, la enorme popularidad de su Historia dirigió la atención pública hacia México y familiarizó a incontables estadounidenses con el legendario drama entre Cortés y Moctezuma. A medida que las relaciones entre México y Estados Unidos se fueron deteriorando, el ejemplo de la conquista del siglo XVI estuvo excitando el ánimo norteamericano. Prescott deploró lo que él llamó ese “diabólico espíritu de guerra”, que pareció llevar al éxtasis a todo su país después de las primeras batallas en mayo de 1846, pero es un hecho que su propia obra hizo mucho para levantar ese espíritu: al describir la pasada conquista de una manera extraordinariamente vívida, Prescott había predicho, en la mente de muchos, la conquista futura.

La guerra elevó aún más la popularidad de la obra de Prescott y su editor tuvo que producir nuevas ediciones para satisfacer la demanda. Los soldados la leyeron y releyeron y muchos la llevaron en sus mochilas. Prescott vio en la conquista española una “hermosa épica”, caracterizada por “logros estupendos de la época de la caballería andante, un país mágico, los esplendores de una rica y fabulosa corte y las extraordinarias cualidades de Cortés”, y esa fue precisamente la manera como los estadounidenses vieron su propia conquista de México.


Faustino Amado Aquino Sánchez
Investigador del MNI-INAH



Foto: William H. Prescott, circa 1850