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Huitzilopochco gozaba de una situación geográfica única, ya que además de aprovechar el agua salobre del lago de Texcoco y las aguas dulces de los lagos de Chalco y Xochimilco, también se beneficiaba de los manantiales que brotaban tierra adentro que lo proveía de agua cristalina. Uno de ellos, Acuecuexco, que surtía no sólo a Huitzilopochco, sino a otros pueblos como Coyohuacan, Huitzillan y Tzapotlan, fue la manzana de la discordia que provocó la muerte de los señores de Coyohuacan y de Huitzilopochco al advertir del peligro de inundación de la isla de Tenochtitlan si, como pretendían, se construía el acueducto que llevara sus aguas a la ciudad mexica. Al cumplirse lo dicho por los gobernantes, los señores principales de Tenochtitlan quisieron verlo como castigo de los dioses por el acto cruel cometido por el tlatoani Ahuízotl al ordenar asesinar al rey hechicero de Coyohuacan y al señor de Huitzilopochco.

Fray Diego Durán relata que el manantial Acuecuexco era importante para los brujos y hechiceros quienes se bañaban en él en una ceremonia de iniciación, quienes al zambullirse se convertían en serpientes que se dirigían a las chinampas que se encontraban en las aguas del manantial, para recolectar los frutos y verduras que ocuparían para curar enfermos, los cuales, después de ser utilizados, se convertían en hierbas secas.

La leyenda sobre la muerte de los gobernantes concluye diciendo que los mexicas ahorcaron al hechicero rey Tzutzumatzin, señor de Coyohuacan, en un pedregal, de donde dicen que mana una fuente desde aquel día.


Norma Elena Rodríguez Hernández
Investigadora del MNI-INAH



Imagen: Ceremonia de introducción del agua del Acuecuexco a Tenochtitlan. Manuscrito Tovar.