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Esta declaratoria fue dada por la UNESCO con lo cual se reconoce que la charrería es una de las tradiciones ecuestres vivas más importante del mundo. Sin embargo, es necesario observar que, pese a su importancia para la cultura mexicana, esta tradición ha sido casi ignorada por los historiadores, al grado que sobre el tema existen muy escasos libros y en su mayoría de poca calidad. Entre los muchos tópicos que sobre la charrería podrían abordarse, el de los orígenes tendría que ser el más importante, y aunque se tiene claro que la equitación mexicana surgió en las haciendas ganaderas desde el siglo VXI, pues el caballo se convirtió en un instrumento para manejar al ganado a campo abierto, la razón de que se adoptara la palabra “charro” como título para el jinete mexicano no está muy clara, por lo que queremos presentar aquí una fuente que parece explicarlo.

La palabra charro proviene del antiguo eusquera o vasco “txar”, el cual hoy en Navarra significa “malo, defectuoso, débil, pequeño”; de donde se deriva la expresión “azkue txarro”: persona ruin, baja, despreciable. Todo lo cual no puede sino recordar la marcada presencia vasca en la Nueva Galicia (hoy Jalisco), región donde diversos autores ubican el origen de la charrería. Los lingüistas dan fe de que el vocablo charro estaba presente en España por lo menos desde el siglo XVII con el significado de “basto, rústico”. Así, la palabra terminó por apuntar al medio rural, como lo asienta la Enciclopedia Espasa Calpe: “dícese de una persona grosera y rústica como lo suelen ser muchos aldeanos”.

Entonces, ¿qué relación pudo tener el despectivo “charro” con los jinetes mexicanos? La respuesta parece estar en el carácter de los mismos. Según Ramón Serrera, en México “el hombre de a caballo” surgió en el Occidente del país cuando en el siglo XVII se formaron grandes bandas de jinetes que llevaban una vida libre y semisalvaje en los llanos, por lo que no es ilógico inferir que se trataba de hombres que pudieron ser vistos por los habitantes de las ciudades como rústicos e ignorantes, personas de poca monta, por lo cual se les asignó el título de charro. Existe una fuente que así parece confirmarlo; se trata de una obra de teatro compuesta por el escritor costumbrista Joseph Agustín de Castro, publicada en 1797 y titulada “El Charro”, que ridiculiza a un jinete de Jalisco por su ignorancia, la cual se refleja en su manera de hablar – propia de los campesinos mexicanos-, y en su incomprensión de las cosas del medio urbano, es decir, de la civilización. La relación que en México se hizo entre la palabra charro y el jinete rústico e ignorante queda así demostrada.


Faustino Amado Aquino Sánchez
Investigador-MNI



Foto: Charros, óleo de C. Wieghorst