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La palabra Templo se deriva del latín Templum que significa espacio acotado o delimitado. Casi siempre como algo sagrado al culto, por la dedicación que se le dio en los conventos religiosos, ya que el sentimiento religioso humano ha estado vinculado con la naturaleza y el universo.

En la antigüedad, el templo no se construyó nunca en cualquier parte, sino en lugares específicos en donde ocurrió algo interesante vinculado a una divinidad religiosa, que por su particular carácter se adoptó a algo trascendental. De acuerdo a algunas fuentes, el templo se convirtió, por un lado, en un lugar para poder ver el recorte del cielo; y por otro, es un edificio sagrado de carácter simbólico y funcional. Así mismo, presupuso una serie de conocimientos y convicciones que los constructores plasmaron de diversas maneras, lo cual se basó en el encuentro con el espíritu y el creador, a través de edificios sagrados como palacios, catedrales y fortalezas. De ahí que su simbología condujo a reflexionar sobre el origen y destino del hombre. Lo cierto es que cada símbolo representa un objeto sagrado, para que el masón busque su interpretación más profunda y lo conduzca al camino de su formación.


Ranulfo Gaspar Hernández
Investigador del MNI-INAH