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Uno de los aspectos más conocidos de la ajetreada vida del general Antonio López de Santa Anna, son sus continuos retiros de descanso a sus haciendas de Manga de Clavo y El Lencero, mientras dejaba al frente del gobierno de la República a un partidario incondicional. De dichas propiedades, la que más utilizó, por haberla conservado por más tiempo, fue El Lencero, a pocos kms. de la ciudad de Xalapa, Veracruz. Sobre el nombre de esta hacienda ha habido siempre una confusión, pues algunos autores escriben, incorrectamente, "El Encero". La certidumbre del nombre correcto nos la da el cronista de la conquista de México, Bernal Díaz del Castillo, cuando narra que, al refugiarse Hernán Cortés y sus soldados en Tlaxcala - luego de escapar de Tenochtitlán la llamada Noche Triste y sobrevivir ante los mexicas en la batalla de Otumba, en agosto de 1520, de todo lo cual se cumple este año el V centenario - planearon la reconquista de la capital mexica, para lo cual pidió a la guarnición del puerto de Veracruz que le fuera enviada toda la marinería que había navegado los buques que sirvieron de transporte a la expedición de Pánfilo de Narváez y que aún se encontraban anclados en la costa. El comandante de la guarnición contestó que casi todos los marinos habían muertos por enfermedades, pero que enviaría a los que quedaban, por ello Bernal consignó lo ridículo que les pareció a los hombres de Cortés este refuerzo:

"Y con cuatro hombres de la Villa Rica [de la Veracruz] vinieron tres de la mar, que todos fueron siete, y venía por capitán de ellos un soldado que se decía Lencero, cuya fue la venta [hacienda] que ahora [1568, año aproximado en que Bernal terminó de escribir su crónica] se dice de Lencero; y cuando llegaron a Tlaxcala, como venían dolientes y flacos, muchas veces por nuestro pasatiempo y burlar de ellos decíamos: ´El socorro de Lencero´".

Tres siglos después aquella hacienda pasaría a ser propiedad de un presidente de México.


Faustino Amado Aquino Sánchez
Investigador del MNI-INAH