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Este 7 de julio se cumplió el V centenario de la batalla de Otumba, aquel encuentro en el que Hernán Cortés y su ejército de conquistadores españoles y aliados tlaxcaltecas estuvieron a punto de ser aniquilados por las fuerzas mexicas del tlatoani Cuitláhuac.

Luego de escapar de Tenochtitlán la noche del 30 de junio al 1 de julio, Cortés y su ejército continuaron su retirada con la meta de llegar a Tlaxcala, pero en el camino fueron constantemente hostilizados por los diversos pueblos tributarios de los mexicas, lo cual, aunado a su carencia de víveres y agua, hizo muy penosa la marcha. al pasar por el pueblo de Otumba se encontraron con un gran ejército mexica que les cerraba el paso, por lo cual no tuvieron más remedio que formar en batalla. Dada su apabullante inferioridad numérica ( los españoles y tlaxcaltecas no pasarían de 1000, mientras que las fuentes hablan de muchos miles de guerreros mexicas, sin que hasta la fecha se pueda determinar la cifra exacta o, al menos, aproximada) sabían que tendrían que pelear hasta morir, pues los mexicas acostumbraban sacrificar a los prisioneros de guerra; sin embargo, los tlaxcaltecas hicieron saber a Cortés que, según las tradiciones castrenses mesoamericanas, la caída del cihuacóatl (general en jefe) podía decidir la derrota de un ejército. Con esto en mente, Cortés formó una línea cerrada de picas para resistir las embestidas mexicas cuando su ejército fue rodeado y, en el momento oportuno, con algunos jinetes se abrió paso entre los atacantes directo a una loma desde donde el cihuacóatl mexica, Matlaltzincátzin, hermano de Cuitláhuac, dirigía la batalla. Cortés lo derribó de la litera en la que sus sirvientes lo sostenían, mientras que el capitán Juan de Salamanca lo mataba de una lanzada. Con este hecho los guerreros mexicas, no obstante su superioridad, se desbandaron y dejaron escapar al enemigo, hecho de determinó caída de Tenochtitlán un año después.


Faustino Amado Aquino Sánchez
Investigador del MNI-INAH