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Este 30 de junio (2020) se cumplen cinco siglos de que Hernán Cortés y sus hombres escaparon de la ciudad de Tenochtitlán, luego de varios meses de mantener en cautiverio al tlatoani Moctezuma II. Cortés acababa de regresar de Veracruz, donde había derrotado a la expedición de Pánfilo de Narváez, pero se encontró con una población mexica enardecida por la matanza del Templo mayor, perpetrada por su lugarteniente Pedro de Alvarado el 22 de mayo anterior, con el objeto de eliminar a la clase dirigente de la ciudad. Cortés intentó utilizar al tlatoani para calmar los ánimos, pero, al dirigirse éste a su pueblo, fue apedreado y poco después murió en circunstancias que hasta la fecha no se han aclarado. No quedó los españoles más alternativa que intentar romper el cerco al que los tenían sujetos en el palacio de Axayácatl y, a la media noche del 30 de junio, emprendieron la huida por la calzada que conducía a Tacuba, cargados con el oro y demás riquezas que Moctezuma les había entregado y otras que encontraron en el mencionado palacio. Aunque la columna de españoles y aliados indígenas trató de marchar con el mayor sigilo, fue descubierta por una anciana que dio la voz de alarma y enseguida fue rodeada a mitad de camino entre la ciudad y la orilla del lago, por miles de guerreros mexicas en canoas que desahogaron el odio acumulado durante meses contra los intrusos españoles y tlaxcaltecas. El desastre fue total: aunque las cifras varían mucho, se dice que sólo el 10% de los aliados indígenas (que según unos eran 1000, mientras que otros escritores los calculan en 4000) sobrevivió, mientras de la mitad de la hueste española (que se componía de 1200 soldados, aproximadamente), murió ahogada por el peso de la carga o a manos de los guerreros enemigos. Varios testigos dejaron testimonio de la consternación y tristeza de Cortés ante tamaña pérdida, por lo cual estos hechos han pasado a la historia de México como "La noche triste".


Faustino Amado Aquino Sánchez
Investigador del MNI-INAH