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Uno de los principales factores para una buena salud durante la época prehispánica, fue, la higiene personal y pública, junto con una alimentación balanceada y el desarrollo de los conocimientos sobre herbolaria para la cura de los diversos males que afectaban a los individuos.

En cuanto a las costumbres higiénicas personales, el aseo diario constituía una práctica común entre todos los pueblos, ya fuera joven o adulta, sana o enferma. Era hábito y obligación bañarse, en ocasiones, hasta más de dos veces al día, sin importar edad, condición social o clima. Para ello, aprovechaban la cercanía de manantiales, ríos y lagos, pero también lo hacían en el temazcalli, “casa de vapor o casa de baño de vapor”, el cual no sólo tenía una función higiénica, sino también de tratamiento después del parto, religioso y terapéutico.

Hacían uso de diversos tipos de plantas y raíces para elaborar jabón de uso corporal y para la ropa, como la raíz de xiuhamolli, la corteza de la planta copalxocotl y el hueso del aguacate, con el que lavaban el cabello, mientras que para la limpieza de los dientes empleaban una pasta o pomada elaborada con chicozapote que blanqueaba, el tlatlauhcapatli que eliminaba el sarro o el chichinaztli, restos carbonizados, principalmente de tortilla que servía como material abrasivo limpiador.

En lo que respecta a la higiene pública, en la cuenca de México se inculcaba la higiene desde el núcleo familiar, no sólo con el ejemplo, sino a través del discurso. Se tenía arraigado el sentido de la limpieza en el hogar a través del barrido y el lavado de todo tipo de enseres domésticos, así como la preparación higiénica de los alimentos. En cuanto a infraestructura, en la cuenca de México se realizaron obas de ingeniería como calzadas, acueductos y diques que evitaban inundaciones y, por lo tanto, epidemias, además de que abastecían de agua saludable para el consumo.


Norma Elena Rodríguez Hernández
Investigadora del MNI-INAH