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A pesar de que el pueblo de Huitzilopochco tenía por dios patrono a Huitzilopochtli, había otros dioses que eran de suma importancia. Debido a que dependían en gran medida y se veían beneficiados enormemente por los ríos y manantiales que los rodeaba, diosas como Chalchiuhtlicue y Huixtocíhuatl, eran veneradas para recibir los dones que los beneficiaban.

Chalchiuhtlicue, era diosa de las aguas terrestres y marinas, “la de la falda de jades”. Esta diosa los favorecía con las aguas de los manantiales que brotaban en la zona y que los abastecía de agua dulce que los pobladores llevaban a comerciar a través de canoas hasta la isla de Tenochtitlán y que después, fue llevada a través de un acueducto construido en 1498. Durante la ceremonia de inauguración de esta obra, se realizaron ofrendas a la diosa, que consistía en el ofrecimiento de incienso, cantos y el sacrificio de infantes y codornices.

Por otra parte, Huixtocíhuatl era la diosa de la sal y de las aguas saladas, “señora de los huixtotin o salineros”; esta diosa era venerada porque, como hemos mencionado en otras ocasiones, Huitzilopochco estaba situado en la ribera del lago salobre de Texcoco, de la que obtenían el tequixquitl o tequesquite, con la que fabricaban panes de sal, invento que la diosa les había enseñado, muy apreciados en el sur de la cuenca, y tierra adentro. Estas diosas forman parte del panteón huitzilopochca, como parte de las deidades relacionadas con el agua y el mantenimiento.


Norma Elena Rodríguez Hernández
Investigadora MNI-INAH