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Durante la época prehispánica, los granos del cacao tuvieron gran importancia en la economía de los pueblos mesoamericanos. Las semillas fueron usadas para producir el conocido chocolate, pero también como moneda en los intercambios comerciales.

La planta del cacao es, en estado silvestre, originaria de la cuenca del Amazonas, en Sudamérica, y aún no se ha podido determinar la forma en que llegó a Mesoamérica, si a través de la dispersión por animales o como cultivo. De cualquier forma, el fruto que se consumía y que fue conocido por los españoles es esencialmente mexicano.

En Sudamérica, el uso del cacao fue diferente, pues sólo se utilizaba la pulpa del fruto para producir, por medio de la fermentación, una bebida alcohólica, mientras que, en Mesoamérica, lo que se utilizaba eran las semillas para producir el chocolate. Posiblemente el valor de la semilla, que llegó a ser considerada moneda, se deba a diversos factores: tenía propiedades medicinales, su cultivo requiere de condiciones específicas de clima y humedad (no se logra en climas de menos de 18° C), por lo que no era muy accesible, y el fruto era muy delicado y de fácil descomposición, por lo que no se podía almacenar o transportar, más que en forma de semilla o grano.

Debido a estas circunstancias, la bebida sólo era disfrutada por las clases altas, que podían pagar este verdadero manjar, para celebrar victorias militares o en prácticas rituales, y llegó a ser prohibido su consumo entre la gente común.

La evidencia del uso ritual y consumo del cacao más antigua se encuentra en sitios de Veracruz, Tabasco y Chiapas, por los olmecas, lugares propicios para su reproducción, mientras que al centro de México llegó tiempo después, a través del comercio y posteriormente por medio del pago de tributo en especie.


Norma Elena Rodríguez Hernández
Investigadora del MNI-INAH