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Establecido, y habiendo comenzado su expansión, Tenochtitlan tuvo un despunte en su crecimiento demográfico, el cual, fue difícil de mantener. En cuanto a los recursos terrestres, la exigencia del pago de tributo a los grupos sojuzgados le permitió sostenerse, sin embargo, la satisfacción hídrica fue un problema, pues la isla estaba rodeada del agua salobre, dado que se encontraba en medio del lago de Texcoco, que no tenía derrames de aguas dulces que lo surtieran. Para solucionar ese obstáculo, Tenochtitlan se dio a la tarea de construir la infraestructura hidráulica necesaria para satisfacer esa necesidad. Dos de los acueductos-calzadas más importantes, aprovecharon las aguas de los manantiales, abundantes en la porción poniente de los lagos, como lo fueron el de Chapultepec, que fue construido hacia 1418, para surtir de agua al pueblo tenochca y de cuyas vertientes se aprovecharon para construir los baños de Moctezuma I, en las inmediaciones de lo que hoy es el Museo de Historia o castillo de Chapultepec. El otro acueducto es el que condujo las aguas del manantial Acuecuexco hacia Tenochtitlan alrededor de 1498, cuando el tlatoani Ahuizotl “solicitó” la construcción del acueducto a Huitzilopochco, elaborado con materiales tributados por éstos, así como con mano de obra huitzilopochca, también tributada. A pesar que ésta fue una gran empresa, no fue utilizada por mucho tiempo, pues a raíz de este evento, sufrieron la muerte tres tlatoanis: el de Coyoacán, por advertir del peligro de inundación; el de Huitzilopochco, por haber permitido la obra que inundó la capital tenochca y; la del tlatoani Ahuizotl, quien, a causa de la inundación, sufrió una caída que al poco tiempo, le provocó la muerte.


Norma Elena Rodríguez Hernández
Investigadora adscrita al MNI