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En un juego de vanidades y debilidades, tanto el rey Carlos IV como su hijo Fernando solicitaron la ayuda del emperador de Francia, Napoleón Bonaparte, para apuntalar sus pretensiones de sostener y aspirar a la Corona de España, respectivamente. Las tropas francesas penetraron en el reino sin ninguna resistencia en el otoño de 1807 y padre e hijo fueron trasladados a Bayona, Francia. El 2 de mayo de 1808, la población de Madrid se levantó en contra de la ocupación francesa. La rebelión fue severamente reprimida por las tropas invasoras. A pesar de la valerosa acción de sus súbditos, los monarcas españoles pocos días después abdicaron en favor de Napoleón, quien cedió la corona a su hermano José. No obstante, los levantamientos se extendieron por toda la península dando paso a la guerra de independencia española, la cual traería importantes consecuencias en sus territorios de ultramar.


Pavel Leonardo Navarro Valdéz
Investigador del MNI-INAH


Imagen: Francisco de Goya, Los fusilamientos del 3 de mayo, Museo del Prado.