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El 10 de mayo de 1914, se dio el triste deceso de José Mariano Azueta Abad, quien murió a causa de las heridas que le provocaron las balas enemigas. Se dice que aún en su lecho de agonía, el joven teniente se negó a aceptar la ayuda de los invasores y que hasta dejó una frase que se comparó con la del general Anaya ya que dijo “Del invasor no quiero nada, ni la forma de salvar mi vida”. Su figura se convirtió en símbolo de la resistencia. A Azueta se le habían adelantado en el camino hacia el camposanto de los héroes Virgilio Uribe, muerto el 21 de abril durante el inicio de la invasión, y Jorge Alacio Pérez quien falleció el día 22. El comodoro Manuel Azueta Perillos fue por varios años un superviviente de esa jornada. Él dirigió la defensa de la Escuela Naval y también rechazó la ayuda extranjera para tramitar el cadáver de su hijo. En este mismo rango estuvieron el coronel Manuel Contreras con sus voluntarios y el coronel Albino Cerrillo con los reos de San Juan de Ulúa. En la lista de decesos del desembarco yanqui en Veracruz están también los nombres de Benjamín Gutiérrez Ruiz, Aurelio Montfort y de muchos más que demuestran que en momentos de peligro cada hombre se convierte en un soldado presto a defender la Patria.


José Luis Juárez López
Investigador del MNI-INAH