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Entre los numerosos escuadrones de caballería irregular que pelearon contra los franceses durante la Intervención Francesa (1862-1867), conocidos como “los chinacos”, hubo uno que se hizo famoso por estar comandado por un capitán de apellido Velarde que siempre iba acompañado por su concubina, o barragana, llamada Ignacia Ruiz, una joven de 18 o 20 años. Esta mujer participó en los combates como cualquier soldado de caballería, pues era diestra en el manejo del caballo y del machete, al grado de que llegó a desmontar a más de un jinete francés. Luego de que Velarde cayera muerto en un encuentro con los Cazadores de África, Ignacia heredó el mando de la guerrilla y con ella siguió hostilizando a los invasores hasta caer prisionera y ser enviada a La Martinica, de donde escapó a los pocos meses. A su regreso recibió del gobierno de Benito Juárez el grado de mayor de caballería y la autorización para formar un nuevo escuadrón de chinacos, con el que siguió combatiendo hasta el final de la guerra. Los escuadrones de chinacos dejaron de existir e Ignacia se retiró a la capital de la República, donde estableció una tienda modesta; sin embargo, durante los años de guerra adquirió la adicción al alcohol y esa fue la causa de su prematura muerte: en 1870, luego de escandalizar y reñir en un baile, otra mujer le atravesó el corazón con unas tijeras.


Faustino Amado Aquino Sánchez
Investigador del MNI-INAH


Foto: amazona mexicana