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En la historia no han faltado mujeres que en la guerra se han incorporado a unidades de combate para pelear como cualquier soldado, incluso ejerciendo mando de tropa. En México uno de los casos más conocidos es el de Ignacia Riechy, quien nació hacia 1816-1818 en algún lugar del actual estado de Jalisco, en el seno de una familia acomodada. Desde joven mostró aptitudes para actividades tradicionalmente asignadas al sexo masculino, pues se encargó de la administración de la finca familiar con todas las rudezas, fatigas y exigencias de liderazgo que ese trabajo supone. En 1847 denunció a los gobernantes que por ineptitud o traición perdieron la mitad del territorio nacional a manos de los estadunidenses y se declaró enemiga de Santa Anna y adicta al partido liberal y sus caudillos, en especial los generales Santos degollado e Ignacio Zaragoza. Así, durante la dictadura de Santa Anna (1853-1855) y la Guerra de Reforma (1857-1860) sirvió como correo y espía de los liberales.

En 1861, ante el peligro de intervención por parte de las potencias europeas, lanzó en Guadalajara la iniciativa de formar corporaciones militares de mujeres dispuestas a defender el territorio nacional, pero ante la indiferencia de la sociedad tapatía, ella misma solicitó su incorporación al ejército. Sus amigos militares le asignaron el grado de alférez, con el cual marchó con las tropas jaliscienses a incorporarse al ejército de Oriente. En el combate contra los franceses de las Cumbres de Acultzingo, Veracruz (28 de abril de 1862), su valor fue causa de admiración, pues con sus hombres cubrió la retirada de su jefe, el general José María Arteaga, hasta caer prisionera.

En 1863 escapó de la prisión de Orizaba junto con los jefes y oficiales mexicanos que habían sido capturados en el sitio de Puebla (16 de marzo-17 de mayo de 1863) y se presentó en Jalisco al general Arteaga, quien la reincorporó al servicio con el grado de teniente y poco después le asignó el de capitán. Luego de varias campañas contra los franceses en los estados de Jalisco y Michoacán fue ascendida a comandante de los Lanceros de Jalisco; para entonces ya había ganado el aprecio de varias poblaciones michoacanas, como Uruapan. Sin embargo, su aspecto personal, francamente lésbico, no dejaba de llamar la atención y el 16 de enero de 1865, durante la celebración de un sonado triunfo liberal en el Mineral del Oro, fue objeto de bromas y burlas. Según algunos testimonios, la dureza de la vida militar había minado su estado de ánimo, y al parecer este último trago amargo la orilló a quitarse la vida. Fue sepultada el 17 de enero en el panteón de Zitácuaro con los honores de su grado.


Faustino Amado Aquino Sánchez
Investigador del MNI-INAH


Retrato idealizado de Ignacia Riechy, circa 1895