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En 1934, Adolf Hitler trazaba planes de dominio mundial, pero se topaba con las objeciones de los miembros de su gobierno, quienes trataban de hacerle ver que la economía alemana difícilmente soportaría el armamentismo con el que pretendía desafiar a las potencias. En esos momentos, México estuvo en su mente como una prodigiosa fuente de recursos. Estaba convencido de que éste era el país más rico del mundo, pero estaba habitado por el pueblo más perezoso y harapiento que pudiera haber, por lo que había que introducir en él gente trabajadora y emprendedora, como los alemanes.

“¡Ah! Si fuésemos dueños de ese país [México] pronto acabarían todas nuestras dificultades. No tendría necesidad de Schacht ni de Krosigk, que todos los días vienen a marearme con sus historias y sus jeremiadas. ¡Ese México! Es un país que debería estar dirigido por gente competente y que está decayendo de más en más bajo sus actuales dueños. Alemania sería grande y rica si se apoderase de las minas mexicanas. ¿Por qué no nos daríamos a esta tarea?”.

Fuente: Hermann Rauschning, Hitler me lo dijo…


Faustino Amado Aquino Sánchez
Investigador MNI-INAH