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De acuerdo con diversas investigaciones, las violentas erupciones del volcán Chichinautzin a nales del período Terciario y parte del Pleistoceno, obstruyeron las corrientes de agua que desembocaban en el río Balsas, convirtiendo el valle en una cuenca endorreica (es decir, que sus aguas no tienen salida, quedando concentradas en un espacio determinado) , o mejor dicho, en un sistema de subcuencas que dieron pie a la formación de cinco lagos: al norte, el lago Zumpango y Xaltocan, en el centro el lago México-Texcoco, y al sur los lagos Xochimilco y Chalco.

Debido a que la profundidad variaba entre un lago y otro, los de Texcoco, Zumpango y Xaltocan contenían aguas salobres, lo que permitió la recolección y producción de sal durante la época prehispánica. El Texcoco, el menos profundo, era el más salobre, pues no tenía forma de fluir y concentraba, debido a la evaporación, mayor cantidad de sales, mientras que las aguas de los lagos Zumpango y Xaltocan, eran menos concentradas por ser un poco más profundos y recibir las aguas de ríos perennes como el Cuauhtitlan, el Papalotla y el Texcoco.

Los lagos del sur, que recibían el vital líquido proveniente de ríos y manantiales del sur y del poniente, contenían agua dulce, rica en nutrientes, haciendo de la parte sur del lago una zona provechosa y fértil que propició la construcción de chinampas agrícolas y habitacionales. Aunado a la caza y a la pesca, podemos ver que la sociedad prehispánica supo aprovechar los recursos (sal y producción chinampera) que las diversas condiciones de los lagos les ofrecieron, condiciones que, hasta la fecha, se siguen explotando.


Norma Elena Rodríguez Hernández
Investigadora del MNI-INAH



Imagen: Tomado de: Gibson, Charles, Los aztecas bajo el dominio español, 1519-1810, Siglo XXI
editores, México, 2003.