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El 8 de noviembre de 1794 se inauguró un mausoleo en el Hospital de Jesús de la ciudad de México para honrar la memoria de Hernán Cortés. No se trataba de un evento para reforzar el dominio español, sino todo lo contrario. El conquistador llevaba proscrito más de 200 años de la memoria política de España debido a que, desde la caída de Tenochtitlán, hizo cuanto pudo para evitar que en México se repitiera el proceso de explotación irracional y de exterminio de los indios que se dio en las Antillas. Trató de organizar un sistema político que promoviera el mestizaje y diera a indios y mestizos preeminencia sobre los españoles, así como el derecho a explotar en beneficio propio la riqueza de su país. Tales ideas las presentó al emperador Carlos V en sus llamadas Cartas de Relación, lo cual no le redituó más que la acusación de pretender “insolentar a los pueblos” (en el siglo XVI no existía la palabra independentista) y perder el favor real. La Corona no dudó en despojar a Cortés del poder político que había ganado a raíz de la conquista para dárselo a los virreyes y a la burocracia colonial. Por ello, el resucitar la memoria de Cortés a fines del siglo VXIII no era un acto inocente, pues se trataba de una iniciativa de autoridades coloniales veladamente independentistas; el virrey Revillagigedo en primer lugar. El encargado de pronunciar la oración fúnebre en la inauguración del mausoleo de Cortés fue fray Servando Teresa de Mier, el mismo personaje que el siguiente 12 de diciembre, con su conocido “Sermón de la Virgen de Guadalupe”, pondría en tela de juicio la legitimidad de la dominación española al afirmar que el apóstol Santo Tomás había evangelizado a América en el siglo I y recibido de la Virgen la imagen estampada en una tilma, la cual fue descubierta después por Juan Diego. Con esta reescritura de la historia, la justificación de la colonización española (la evangelización de los indios) resultaba inválida y el derecho de los mexicanos a la independencia se hacía evidente. El sermón guadalupano se conserva hasta nuestros días, pero el de la inauguración del mausoleo desapareció de los archivos. Tal vez, así como el primero hacía de la Virgen un símbolo nacional, el segundo convertía a Cortés en el héroe precursor del mestizaje y de la identidad nacional.


Faustino Amado Aquino Sánchez
Investigador del MNI-INAH



Imagen: Hernán Cortés, óleo de Paulo Giovio, s. XVI