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En pueblos del centro de México, como en muchos otros, la buena conducta, el respeto y la responsabilidad eran valores inculcados desde la niñez. En casa, los padres y abuelos eran los encargados de enseñar a los pequeños las labores cotidianas, la responsabilidad de realizarlas correctamente y el respeto a los mayores.

Desde la edad de cuatro años iniciaba la familiarización de los niños con las herramientas de trabajo; a lo largo de la infancia se les iba imponiendo responsabilidades que pudieran enfrentar y a la edad de 16 años estaban listos, por lo menos las mujeres, de casarse.

Cuando el niño o joven no cumplía con lo que le era encomendado, los adultos establecían castigos y correctivos “para evitarles toda ociosidad y se ejercitasen en cosas de provecho”. Entre estos “correctivos” estaba el punzar con púas de maguey el cuerpo y espalda de los varones y las palmas de las manos de las niñas, golpearlos con varas, mantener al varón recostado sobre tierra húmeda y fría y a la joven barrer de noche. Pero si esto fuera poco, a partir de los 11 años un castigo grave y más cruel era aplicado a los jóvenes: para que no anduviesen de viciosos y vagabundos y se ocuparan de cosas provechosas los hacían inhalar el humo de chiles quemándose.

Para nuestras mentes occidentalizadas ésta es una tortura. Veamos esta conducta como parte de la cultura de los pueblos que nos antecedieron.


Norma Elena Rodríguez Hernández
Investigadora del MNI-INAH



Imágnes: Códice Mendoza; fol. 59. En: http://codicemendoza.inah.gob.mx/index.php…
Códice Mendoza; fol. 60. En: http://codicemendoza.inah.gob.mx/index.php…