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Benito Juárez emprendió el 11 de julio de 1867 el último tramo de su periplo con la Republica a cuestas, que lo llevó a bordo de sus carruajes hasta el más alejado rincón del país, a través de los caminos polvorientos del desierto en el norte de México. Tras el fusilamiento de Maximiliano y la ocupación de la ciudad de México por las fuerzas republicanas, Juárez partió de Querétaro con rumbo a la capital, a la que arribó el 15 de julio de 1867. A su llegada el presidente declaró: “Mexicanos: el gobierno nacional vuelve hoy a establecer su residencia en la ciudad de México, de la que salió hace cuatro años. Llevó entonces la resolución de no abandonar jamás el cumplimiento de sus deberes, tanto más sagrados, cuanto mayor era el conflicto de la nación. Fue con la segura confianza de que el pueblo mexicano lucharía sin cesar contra la inicua invasión extranjera, en defensa de sus derechos y de su libertad. Salió el gobierno para seguir sosteniendo la bandera de la patria por todo el tiempo que fuera necesario, hasta obtener el triunfo de la causa santa de la independencia y de las instituciones de la República.

Pavel Leonardo Navarro Valdez
Investigador MNI/INAH



Imagen: Calesa del presidente Benito Juárez, Museo Nacional de las Intervenciones/INAH.