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Este mes se cumple el 150 aniversario del ofrecimiento que el partido conservador le hizo al archiduque austriaco, Maximiliano de Habsburgo, de otorgarle la corona de México. Luego de la destrucción del ejército mexicano en el sitio de Puebla, en mayo de 1863, y de la ocupación de la capital por las tropas francesas el siguiente junio, se instaló una Regencia como gobierno provisional y una Junta de Notables como poder Legislativo, la cual decidió adoptar a la monarquía como forma de gobierno y llamar a Maximiliano a ocupar el trono del nuevo Imperio mexicano. Este príncipe, nacido el 6 de julio de 1832, llamó la atención de Napoleón III y de los conservadores por ser descendiente de Carlos V – lo cual le daba legitimidad como gobernante de México – y tener un historial impresionante. Destinado desde niño a la carrera naval, realizó numerosos viajes por Europa, el norte de África y Brasil, que le dieron conocimientos suficientes para participar en la reforma de la marina de guerra austriaca. En 1857, en su segunda visita a Bélgica, se casó con la princesa Carlota Amalia, hija de Leopoldo I, rey de los belgas. Su hermano, el emperador de Austria-Hungría, le con ó el gobierno del reino Lombardo Véneto, en Italia, cargo que desempeñó durante dos años mostrando dotes de hábil político y buen administrador. Con base en todo ello, los conservadores pensaron que se trataba de un hombre capaz, enérgico e inteligente.

La comisión encargada de ofrecer al archiduque la corona de México (integrada por José María Gutiérrez Estrada, José Hidalgo, Antonio Escandón, Tomás Murphy, Adrián Woll, Ignacio Aguilar y Marocho, Joaquín Velázquez de León, Francisco Javier Miranda y Ángel Iglesias) llegó a la ciudad de Trieste (en el norte de Italia, a orillas del mar Adriático) el 2 de octubre y fue recibida por Maximiliano el día 3 en el Palacio de Miramar. Su respuesta fue que aceptaría a condición de que el pueblo mexicano lo llamara mediante el voto y que Napoleón III se comprometiese a garantizar la integridad e independencia del nuevo imperio. Ambas condiciones fueron fáciles de satisfacer mediante una votación amañada y una simple declaración del emperador francés.

Lo que no sabían Napoleón y los conservadores era que, detrás de la carrera de Maximiliano, se escondía un hombre lleno de defectos: era débil de carácter, sus logros en Lombardía los había conseguido gracias a su consejero y quienes lo conocían lo calificaban de frívolo, voluble, inconstante, indeciso, iluso, obstinado, vanidoso, dado a evadir las obligaciones y a faltar a su palabra, y lo peor desde el punto de vista conservador: profesaba la ideología liberal. Debido a su personalidad, Maximiliano fue incapaz de ser un digno rival para Benito Juárez, y con ello contribuyó en gran medida al fracaso de la Intervención Francesa y a su propia desgracia.


Faustino Amado Aquino Sánchez
Investigador del MNI-INAH



Imagen: “Ofrecimiento del trono de México a Maximiliano de Habsburgo”.