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Dada la naturaleza de sus suelos, la cuenca de México ha sido susceptible de movimientos telúricos de diferentes magnitudes. No se conocen registros de este fenómeno durante la época prehispánica, sin embargo, en los primeros textos coloniales y códices en los que aún se emplea el glifo como forma de expresión, se hizo el primer registro de este fenómeno natural. Un ejemplo es el códice Telleriano Remensis, elaborado a mediados del siglo XVI. En él se representa un temblor de tierra ocurrido en el año de 1460. Para simbolizarlo, los tlacuilos pintaban un signo de movimiento u ollin y lo unían mediante una línea a la representación de la tierra, un rectángulo con puntos negros en su interior, o lo colocaban sobre el signo de ésta.

En lo que se re ere a fuentes escritas, basadas en la información que brindaban los sabios indígenas, Los anales de Tlatelolco mencionan que en el año de 1455, 3 casa, “…hubo un terremoto y la tierra se agrietó y las chinampas se derrumbaron, y la gente se alquilaba a otra a causa del hambre”. Debido al daño que causaban, eran considerados fenómenos de mal agüero. Sirvan estas líneas como condolencias a las víctimas de los sismos de septiembre de 2017.


Norma Elena Rodríguez Hernández
Investigadora del MNI-INAH



Códice Telleriano Remensis, Biblioteca Nacional de Francia. Tomado de: http://gallica.bnf.fr/ark:/12148/btv1b8458267s/f91.item