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Mientras en Europa y Estados Unidos los militares dudaban de la utilidad del aeroplano en la guerra, el 7 de abril de 1913, Miguel Lebrija y Juan Guillermo Villasana realizaron el primer simulacro de bombardeo aéreo de la historia en los llanos de Balbuena, del cual se obtuvo la experiencia de que el estallido de las bombas podía averiar a la nave bombardera, lo que llevó al desarrollo de una técnica de bombardeo (se determinó la distancia a la que el aeroplano debía estar del blanco, la velocidad que debía alcanzar para alejarse del estallido en caso de atacar demasiado cerca y se diseñaron dispositivos mecánicos para soltar las bombas). Por esas mismas fechas el Ejército Constitucionalista adquirió en Estados Unidos un aeroplano Martin Pusher, que fue bautizado como Biplano Sonora, con el cual Gustavo Salinas Camiña y el piloto francés Didier Masson participaron en el asedio del puerto de Guaymas, Sonora, efectuando misiones de reconocimiento de las líneas de defensa federales para dirigir los disparos de la artillería constitucionalista.

Luego de Guaymas, la campaña del general constitucionalista Álvaro Obregón en la costa del Pacífico continuó con el asedio del puerto de Topolobampo, Sinaloa, donde el biplano Sonora pasó de ser un instrumento de reconocimiento a un arma de guerra. Piloteado por el capitán Gustavo Salinas, el biplano bombardeó las posiciones federales de Topolobampo en abril de 1914. Por primera vez en la historia, un aeroplano realizó bombardeos sobre posiciones enemigas de manera planeada y como unidad táctica independiente en el campo de batalla; es decir, con un valor táctico equivalente al de las armas clásicas: artillería, infantería y caballería. Esto fue fruto de la experiencia acumulada por los revolucionarios en materia de aviación militar.


Faustino Amado Aquino Sánchez
Investigador del MNI-INAH



Foto: Aeroplano Martin Pusher