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Al invadir Libia en 1911, Italia fue el primer país que utilizó al avión en una campaña militar para realizar misiones de exploración y reconocimiento de las líneas enemigas, y también como bombardero cuando un piloto italiano tuvo la ocurrencia de dejar caer bombas sobre formaciones de tropas turcas. No obstante la resonancia que tuvo el primer bombardeo de la historia, no convenció a los militares europeos de la utilidad de los aeroplanos en combate. La opinión del general Foch (general en jefe del ejército francés) es representativa de esta postura: “Volar es un buen deporte, pero, para el ejército, el aeroplano es inútil”.

Muy distinta fue la actitud de los dirigentes mexicanos en la misma época. Tal vez por la experiencia bélica que representó la Revolución Mexicana de 1910, en 1912 Venustiano Carranza, gobernador de Coahuila, propuso al presidente Francisco I. Madero que sus sobrinos Gustavo Salinas Camiña y Alberto salinas Carranza, viajaran a los Estados Unidos para prepararse como pilotos aviadores y con ellos poner los cimientos de la futura aviación militar mexicana.

Junto con Gustavo y Alberto Salinas viajaron a los Estados Unidos los hermanos Juan Pablo y Eduardo Aldasoro y Horacio Ruiz, para estudiar en la Moissant Aviation School en Long Island, New Jersey. No sabían que pronto se verían obligados a aplicar su preparación como pilotos pues el derrocamiento de Madero por Victoriano Huerta, en febrero de 1913, determinó que la Revolución se reanudara. Venustiano Carranza, como jefe del Ejército Constitucionalista, no dudó en utilizar los servicios de los nuevos pilotos en la lucha contra el usurpador: el entonces capitán Alberto Salinas Carranza organizó la primera flotilla aérea del Ejército Constitucionalista, la cual realizó misiones de reconocimiento en Chihuahua para ayudar a combatir a Pascual Orozco.


Faustino Amado Aquino Sánchez
Investigador del MNI-INAH



Fotografía: Los primos Salinas, los hermanos Aldasoro y Horacio Ruiz en la escuela de aviación.