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Acostumbrados a ver en “El Padre de la Patria” a un hombre canoso con aspecto de anciano, es difícil imaginar a Miguel Hidalgo en su juventud, aficionado a actividades campestres como la caza, la ganadería y el jaripeo, hábil en el manejo de la lanza, con la cual los vaqueros protegían al ganado de  eras carnívoras como el puma, el jaguar y el lobo, tal como nos lo presenta un “Elogio Fúnebre” a los héroes de la patria pronunciado el 17 de septiembre de 1823 en la catedral de México: “Desde sus primeros años era [Hidalgo] imperturbable en los peligros, diestro, robusto y notablemente osado. Cuando usaba de su lanza ninguno lo aventajaba en las correrías de los brutos carniceros que derribaba burlándose de sus saltos y furores” . Esto explica también que en el siglo XIX la lanza formase parte del armamento de los charros.


Faustino Amado Aquino Sánchez
Investigador del MNI-INAH



Imagen: Miguel Hidalgo, caricatura de Alan Rodríguez