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El día de muertos latino y el Halloween anglosajón tienen como origen común una fiesta practicada por los celtas (antiguo grupo étnico de Europa central que se expandió hasta España y las islas británicas hace por lo menos 3000 años), conocida como shamhain, palabra celta que significa "fin del verano", es decir, la víspera del 1 de noviembre. Los celtas asignaban a esta fecha un carácter sagrado porque coincidía con la época de la cosecha, momento determinante para la supervivencia porque significaba comida y riqueza para la comunidad, por lo cual ciertos ritos de brujería eran necesarios para activar mágicamente las fuerzas sexuales de la naturaleza.

Por estas razones, el antiguo rito del  n del verano siguió practicándose en Europa a pesar de la llegada y expansión del cristianismo. Este rito consistía en que los druidas (shamanes y sacerdotes de la religión celta) sacrificaban un caballo (animal representativo de la potencia y fertilidad sexual) a los dioses y a los muertos en agradecimiento por la cosecha, pues se entendía que los alimentos provenían del inframundo, donde los difuntos se ocupaban en producir lo que sus parientes vivos comerían durante el año, por lo cual se les ofrendaban las primicias de la cosecha.

Este es el trasfondo pagano del Día de Muertos o Halloween, y dada su permanencia en la mentalidad popular europea, en el año 610 d.c. el Papa Bonifacio IV ordenó cristianizar el culto pagano en forma de una fecha dedicada a todos los mártires cristianos, con lo que instituyó el Día de Todos los Santos. Sin embargo, la fecha que el Papa señaló para dicha celebración no fue la que hoy se conmemora, sino el 13 de mayo, y no fue sino hasta el año 834 que el Papa Gregorio III la volvió al primero de noviembre. En Inglaterra se llamó al Día de Todos los Santos All Hollows o Haligan, de donde se derivó la palabra Halloween, que significa Eve of All Hollow, o víspera de Todos los Santos.

A pesar de estos ajustes cristianizantes, en el medio rural europeo se siguió celebrando el fin del verano en el sentido de agradecer a los muertos con las primicias de la cosecha, y no en el de conmemorar a los mártires del cristianismo, por lo que Odilón, abad de Cluny, en el año 998 instituyó oficialmente los días 1 y 2 de noviembre como Días de Muertos.

La costumbre de ofrendar a los muertos se sigue observando en todo el mundo latino, donde la gente se reúne desde la víspera del 1 de noviembre en los cementerios con el propósito de limpiar y decorar las tumbas y colocar ofrendas, mientras que en el mundo anglosajón se pone el énfasis en la creencia celta de que el final de la cosecha es un momento en el que las barreras de lo natural y lo sobrenatural dejan de existir, y los muertos aprovechan para deambular entre los vivos, no siempre con buenas intenciones.


Fuente: María Teresa Escobar Rohde, Tiempo Sagrado


Imagen: Druida celta