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Cuántas veces habrá sentido escalofríos durante los 45 minutos que fue Presidente de México. Cuántas veces el miedo lo hizo tartamudear. Y cuántas veces habrá negado su inexistente maderismo con tal de salvar el pellejo. No era para menos, los formulismos democráticos lo transformaron en la pieza clave para que Victoriano Huerta asumiera “legalmente” la presidencia, para que la deleznable traición estuviera dentro de los márgenes constitucionales. Lascuráin, oligarca, vacilante y temeroso por rista, en su puesto de Secretario de Relaciones Exteriores, había sido el encargado de defender al país y su Revolución frente a las autoridades estadounidenses. Henry Lane Wilson, embajador norteamericano, lo amenazaba constantemente con invadir México y el ministro corría despavorido por las calles de la ciudad vociferando que la única alternativa era la renuncia de Madero. Pero éste no renunciaba. El Apóstol seguía con ando en él y quizás como única manera de ayudarlo a vencer sus fobias, lo mandaba a hablar directamente con el Presidente de Estados Unidos y con su Departamento de Estado. Cuántas veces habrá sentido escalofríos durante aquellas entrevistas. Cuántas veces el miedo lo hizo tartamudear, aunque esas veces en inglés.


Pavel Leonardo Navarro Valdez
Investigador del MNI-INAH



Imagen: Pedro Lascuráin Paredes, 19 de febrero de 1913 (17:15 a 18:00 horas)