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Luego del inicio de las hostilidades entre México y Estados Unidos con las batallas de Palo Alto y Resaca de Guerrero (abril de 1846), el ejército del general Zachary Taylor, fuerte en 5000 hombres, cruzó el río Bravo y se dirigió a la ciudad de Monterrey, donde se habían concentrado 10,000 soldados mexicanos con abundante artillería, lo que los ponía en evidente ventaja ante los invasores. En efecto, luego de sangrientos combates desarrollados entre el 20 y 25 de septiembre, Taylor, ante el cansancio, baja moral de sus tropas y escasees de suministros, estaba a punto de ordenar la retirada cuando recibió una petición de tregua del general mexicano, Pedro Ampudia, quien luego de negociaciones que duraron dos días le entregó la plaza por medio de una capitulación, por la cual puedo evacuarla, pero dejando en manos del enemigo toda la artillería.

Testigos presenciales señalaron a Ampudia como cobarde o traidor, pues la dirección de la defensa fue errática y titubeante y al final se rindió gozando de superioridad numérica, pertrechos y víveres ante un enemigo que ya lucía exhausto. La sospecha de traición se reafirmó meses después debido a que, no obstante habérselo formado una corte marcial para que respondiese por la pérdida de Monterrey, Santa Anna ordenó su sobreseimiento y después toleró y hasta protegió un comportamiento indisciplinado y displicente de parte de Ampudia como oficial del ejército.


Fuente: tesis doctoral de Faustino Amado Aquino Sánchez


Foto: general Pedro Ampudia, litografía de P. Blanco, circa 1845.