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Nació en Villa de Hidalgo, Nuevo León, el 1 de noviembre de 1836. Muy joven conoció al capitán Ignacio Zaragoza, militar de carrera que en 1856, durante la Revolución de Ayutla, tomó parte en la defensa de Monterrey contra las tropas santanistas. Al  nalizar esta contienda, Rafaela e Ignacio se casaron el 21 de enero de 1857 en la catedral de esa ciudad norteña; pero debido a que él tuvo que salir a cumplir una misión, no estuvo presente en la ceremonia y su hermano Miguel lo representó por poder.

Ese fue el primero de los sinsabores que Rafaela tuvo que soportar como esposa de un militar en tiempos de guerra. Vivió sola casi todo el tiempo mientras su marido se jugaba la vida en la Guerra de Reforma (1857-1860), y su bienestar dependió siempre de las victorias y las derrotas. Por ello sus dos primeros hijos murieron al poco tiempo de nacidos, mientras que su única hija, nacida en 1860, sobrevivió hasta 1927. El matrimonio sólo duró cinco años, pues al poco tiempo de nacida la niña, Rafaela contrajo una enfermedad (incurable en aquella época) que le quitaría la vida en enero de 1862. Por ello, cuando Ignacio alcanzó la gloriosa victoria del 5 de mayo en Puebla sobre los franceses, ya cargaba con la amargura de haber perdido a su esposa y dos hijos.

Poco después del triunfo en Puebla y de la retirada del enemigo a Orizaba, el general Zaragoza volvió a la ciudad de México para encargarse de su única hija, pero en septiembre de ese mismo año de 1862 él también murió cumpliendo sus funciones como general en jefe del Ejército de Oriente. La historia de esta pareja es un ejemplo de la dureza de la vida en siglos pasados.


Faustino Amado Aquino Sánchez
Investigador del MNI-INAH



Imagen: Rafaela Padilla de Zaragoza. Archivo fotográ co MNI.