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El 2 de noviembre de 1847 fue un Día de Muertos especial para los capitalinos, quienes en las batallas contra las tropas estadunidenses de agosto-septiembre perdieron numerosos parientes y amigos y no se cansaban de maldecir al general Antonio López de Santa Anna (clamor de indignación que ha pasado de generación en generación), pues ya era obvio para todos que éste se había empeñado en llevar al invasor hasta la capital de la república para obligar al Congreso a ceder ante las exigencias del enemigo, en la batallas había cometido tales errores que hacían evidente su traición y había mandado al matadero a las Guardias Nacionales (voluntarios civiles), mientras dejaba en reserva al ejército profesional. Por ello, el periódico titulado “El Monitor Republicano” publicó ese día el siguiente editorial, dedicado a destacados oficiales de la Guardia Nacional capitalina:

“En medio de las desgracias que por todas partes nos agobian acrecienta nuestro pesar el recuerdo de algunos ciudadanos cuya muerte ha sido una verdadera calamidad para la república. ¡Martínez de Castro, Peñúñuri, Balderas! ¿Qué mexicano podrá repetir estos nombres sin sentir su corazón cubierto de amargura? ¿Quién no se siente inflamado al considerar la suerte gloriosa de estos héroes, que exhalaron el último suspiro abrazados del pabellón tricolor y pronunciando con labio moribundo el nombre de México?
Ofrezcamos a estos claros varones el homenaje de nuestra admiración; y que la historia guarde en sus páginas sus hechos como los mayores blasones de nuestra república”.


Faustino Amado Aquino Sánchez
Investigador del MNI-INAH



Imagen: “Ataque de Churubusco”, litografía de Ignacio Cumplido, 1848, colección MNI