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Todos estos apelativos se refieren a un mismo personaje: el jinete mexicano, cuyo atuendo fue admirado por los viajeros extranjeros que visitaron nuestro país luego de consumada la independencia, verdaderos responsables de difundir en Europa y Estados Unidos la idea de que el traje del jinete era el traje nacional de México; en buena medida debido a que éste era un país ecuestre. Desde fines del siglo XVIII y hasta mediados del XIX, dicho traje consistía en un sombrero redondo de ala ancha y copa baja llamado jarano; chaqueta corta llamada cotona, adornada con bordados y alamares, frecuentemente de plata; camisa, faja o ceñidor de seda roja, pantalón con perniles abiertos (llamado calzonera) que dejaba expuesto un ancho calzón blanco y que podía cerrarse en el momento de montar a caballo por medio de una serie de botones (la llamada botonadura); una pieza de cuero o gamuza (decorada con bordado o repujado) enrollada en la pantorrilla y sujeta por debajo de la rodilla con cordones o tiras de cuero, a la que llamaban bota de campana o campanera; y como calzado, botines y las indispensables espuelas.

Según puede verse en la novela Astucia de Luis G. Inclán, publicada en 1865 y ambientada en la década de 1830, los criollos y mestizos que vivían en el medio rural usaban el traje antes descrito, generalmente eran buenos jinetes y se hacían llamar rancheros; el título de charro era honorífico, pues se hacía merecedor de él únicamente quien era diestro en las suertes de colear, lazar y torear, así como en el manejo de las armas propias de la caballería: el sable, la lanza, la pistola y la carabina. Se llamaba Cuerudo a quien vestía el traje de ranchero confeccionado totalmente en gamuza, y chinaco a quien lo portaba con desaliño o pobreza y que además carecía de educación.

En la Guerra de Reforma (1857-1860), los miembros del Partido Conservador, con el fin de estigmatizar a los jinetes que, vistiendo el traje de ranchero, se unían a las guerrillas juaristas, los llamaron chinacos, pero éstos adoptaron el estigma con orgullo, y con él adquirieron fama internacional al derrotar, en innumerables escaramuzas, a la elegante caballería de Napoleón III durante la segunda Intervención Francesa (1862-1867).

Desde mediados del siglo XIX, el traje ecuestre mexicano evolucionó hasta llegar al traje de charro del Porfiriato (1876-1911). El sombrero adoptó una copa más alta (en forma de cono); el pantalón se cerró pero conservó la botonadura y las botas de campana fueron sustituidas por zahones de piel o gamuza llamados chaparreras. Este traje ha llegado hasta nuestros días con pocos cambios.


Faustino Amado Aquino Sánchez
Investigador del MNI-INAH



Imagen: Manuel G. Serrano. Chinaco. S. XIX