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Después de la derrota de Cerro Gordo (17-18 de abril de 1847), el general presidente Antonio López de Santa Anna se encontraba en San Agustín del Palmar, Veracruz, amenazando con cortar la línea de comunicaciones de los invasores, quienes, al penetrar en territorio mexicano, se estaban arriesgando a quedar aislados. Sin embargo, al enterarse de que en la capital el gobierno moderado del presidente sustituto Pedro María Anaya planeaba destituirlo como presidente y dejarlo al margen de las negociaciones de paz que planeaba emprender con el enemigo, Santa Anna decidió dirigirse de inmediato a la capital para defender sus intereses políticos. Por ello, en su retirada se negó a detenerse para defender la ciudad de Puebla, a pesar de que el gobierno le envió tropas y armas, y al pasar por Río Frío dejó abandonadas las fortificaciones que se habían levantado en los pasos de la sierra para evitar que los invasores llegaran a la Ciudad de México.

Al llegar a la capital y anunciar su decisión de defenderla en sus propias goteras, la prensa capitalina reclamó por el abandono de las forti caciones de la sierra, y denunció que el plan de Santa Anna era llevar la guerra hasta el corazón de la república para aterrorizar a la ciudadanía y obligarla a aceptar las condiciones de paz que los invasores quisieran imponer, como en efecto sucedió.


Fuente: tesis doctoral de Faustino Amado Aquino Sánchez, investigador del MNI-INAH


Imagen: pertenencias de Santa Anna capturadas por los estadounidenses en cerro Gordo y
exhibidas en Fort Worth, Texas.